Corte y confección: moda de los 90.

En los años noventa, la fortaleza parisina se había visto invadida por los extranjeros. En especial la alta costura, considerada objeto sagrado nacional a pesar de haber sido fundada por el inglés Worth en 1858.

Los ingleses de nuevo, llevaban la voz cantante: John Galiano, saqueando la historia de la moda y Alexander McQueen sustituyéndole en Givenchy.

En 1993, procedente de América, Oscar de la Renta volvió a Paris donde de joven había trabajado en Lanvin durante cuatro años, para hacerse cargo de la casa Balmain. Contrariamente a los jóvenes ingleses, este gentleman nacido en Santo Domingo en 1932 y formado en la casa Balenciaga de Madrid, se siente comprometido con la alta costura elegante, femenina y decorativa, como la que llevaba diseñando con su nombre en Estados Unidos desde 1965.

La última casa de alta costura fundada según las estrictas reglas de la Chambre Syndicale, en 1991, es Lecoanet Hemant. Tras este doble nombre se esconde el francés Didier Lecoanet y el indio Hemant Sagar que al principio diseñaban colecciones de Prêt-a-porter para su propia boutique, hasta que, gracias a las licencias, ganaron bastante dinero como para poner en marcha su propia casa de moda, en la cual crean magníficos trajes de noche.

En 1992 se relajaron las estrictas normas de admisión en la alta costura, fijadas en 1945. Hasta entonces eran necesarios 20 empleados fijos en un taller para poder presentar dos veces al año en el propio salón una colección de al menos 50 modelos cosidos a mano. Actualmente, los modistos de nueva generación pasan una fase transitoria de dos años durante la cual sólo deben tener 10 empleados fijos y únicamente están obligados a presentar 25 creaciones cada temporada.

Jil Sander descubrió la ligereza del ser después de que el grupo Prada adquiriese el 75% de las acciones ordinarias de la empresa en otoño de 1999, en calidad de socio financiero. Concentrada por completo en la creación, lanzó en Milán una colección inusitadamente jovial y colorida para la primavera/verano del año 2000.

Durante la década, muchos diseñadores se apuntaron al revival hippy. El más provocador fue Tom Ford para Gucci. Sus hippys de lujo llevaban vaqueros desgarrados con cinturones de perlas muy caros, y con piel.

También el antiguo maestro Emmanuel Ungaro, cuyo revival hippy superaba con mucho los intentos más o menos afortunados de muchos de sus colegas, gracias a sus discretos juegos de colores.

Por entonces, Narciso Rodríguez hacía colecciones para Loewe que alternaba con su propia marca.

Hoy en día se siguen imitando los vestidos que hicieron famoso a Hervé Léger, capaz de realzar la figura como ningún otro.

Con la salida de Michael Kors de la casa Celine en 2003, la maison perdió el increíble gancho de sus creaciones.

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